
Sofía
Maternidad21
Mi pareja, mi familia, mi vida
Mi nombre es Anabella. Soy licenciada en Letras y me dedico a la docencia e investigación en el área de lingüística. Mi pareja se llama Federico; es ingeniero electrónico y trabaja en telecomunicaciones. Mundos bastante opuestos que confluyen misteriosamente o con alguna ayuda, para ser sinceros. La ayuda, en este caso, vino de la mano de uno de mis hermanos, amigo de Federico, que nos presentó el día de su cumpleaños número 30.
Fede llegó a mi vida en el momento en que tenía que llegar. Me trajo las mariposas estomacales del enamoramiento y la calma posterior del amor que se sabe genuino y duradero. Nunca en mi vida estuve tan segura de lo que sentía y nunca quise tanto hacer las cosas bien, como esta vez.
Con este remanso vino el deseo de tener nuestra familia. Así fue que llegó nuestra primera niña, Amanda, y luego, la pequeña de la familia, Sofía.
Con Amanda aprendimos a ser menos egoístas y desplazamos nuestros intereses personales para ocuparnos de su bienestar. Cambiamos. Cambiamos muchas cosas: las series y el cine europeo por Peppa Pig, Pixar y Mi vecino Totoro; las salidas nocturnas por aprovechar cada segundo para dormir; las caminatas en la naturaleza por las plazas y sus juegos. Y fuimos muy felices al hacer estos cambios.
Cuando creímos que ya nos habíamos recibido de padres competentes, llegó Sofía. Nuestra pequeña es diferente a Amanda, no sólo porque es otra niña y todos los niños lo son; sino, particularmente, porque Sofía tiene la trisomía 21, lo que determina una condición genética particular, que muchos llaman "discapacidad intelectual" o "síndrome de Down".
Ser madre de Sofía es algo nuevo en muchos sentidos. Pero lo que me interesa registrar y compartir con ustedes son los sentimientos que voy enfrentando en este maternar que está atravesado por la noticia sorpresiva de la condición de nuestra hija. Creo que poder poner en palabras lo que siento me va a ayudar y, con suerte, pueda ayudar a alguien más que esté atravesando una situación similar. Y quiero hablar de sentimientos porque considero que es lo más difícil de sobrellevar cuando nos toca esta realidad: luchar con uno mismo para no torturarse y para volver a encontrar el camino que habíamos trazado imaginariamente antes de recibir la noticia. Volver al sendero para volver a sentirnos plenos y poder cambiar lo que haya que cambiar para criar a nuestras hijas y darles las herramientas que necesiten para ser lo más felices que puedan. Que ese es un trabajo que les tocará a ellas cuando crezcan.