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Y al final hay recompensa...

  • 27 dic 2022
  • 5 Min. de lectura

No hay como el amor de las seños... No hay, en el ámbito de la escuela, nada más motivador que sentirse reconocidx y valoradx por esx adultx por quien sentimos admiración, por esa persona por la que queremos ser miradxs y festejadxs.

Ese fue el gran premio con el que Sofi cerró su sala de 4 años.

A pesar de haber empezado (nosotrxs, su familia) con el pie izquierdo.

Y eso habla –pienso y estoy empezando a ser una convencida total– de que todxs podemos aprender, de que podemos cambiar nuestras creencias, nuestro modo de ver y de entender al otrx. Habla de que las relaciones humanas son complejas y están plagadas de prejuicios y de cuestiones subjetivas (esto último, por suerte), que no siempre son definitivos ni determinantes; sino que muchas veces están ahí como boyando y ante la primera confrontación con un caso como el de Sofi se activan sin mucha reflexión. Eso no significa, insisto, que sea esa la respuesta definitiva ni el único criterio que exista dentro de una institución.

Empezamos con el pie izquierdo porque la escuela nos atendió desde un molde, desde un modus operandi prejuicioso y sin mucho fundamento: "Los niñxs con inclusión no hacen la doble jornada". ¿Qué significa "los niñxs con inclusión"? ¿Acaso son un colectivo homogéneo que deba recibir un tratamiento diferencial –pero uniforme– por tener un PPI (Proyecto Pedagógico Individual –o la más conocida "adaptación de contenidos"–)? Desde esa afirmación todo fue muy cuesta arriba, porque habíamos "caído" en una escuela que nunca nos había manifestado en las diversas entrevistas que tuvimos este prejuicio.

Había que hacer algo.

Había que pelear.

Porque nosotrxs habíamos pensando en la escuela del club justamente porque tiene una impronta deportiva y el deporte siempre tuvo (y en Ferro es así desde que yo era como Sofi, al menos) una tradición inclusiva.

Para mediados de abril la cosa se empezó a acomodar. Paulatinamente (y porque nosotros le pusimos a Sofi una APND para el turno tarde que la Obra Social nos negó) nuestra hija empezó a extender el horario y a disfrutar de las actividades de la tarde, que eran las que nos generaban más expectativas de inclusión para ella porque en ese turno se concentran los talleres lúdicos y los deportes. Recuerdo que un día, en medio de estas batallas, una Cami de 4 años me preguntó quién era yo en la plaza de juegos:

"Ah, sos la mamá de la que se va antes".

Me di vuelta para llorar...

Esta frase de Cami expresaba no sólo que la escuela no le estaba habilitando el espacio para desarrollarse en algo que su familia había elegido para ella, sino que, además de su Síndrome de Down que la hace única entre todxs sus compas, la escuela la estaba haciedo diferente, la estaba marcado porque no sólo era la nueva, la recién llegada, la que iba con "su seño", sino que no hacía todo lo que hacían los demás. Esto le traía problemas de integración en el grupo porque se quedaba afuera de un montón de vivencias que sus compas experimentaban cada día.

Una vez conseguidos todos los apoyos para Sofi y extendido el horario sólo quedaba esperar. Recuerdo haberle dicho a su psicóloga, que fue un soporte fundamental junto con las otras profesionales en toda esta lucha: "Ahora le toca a Sofi. Yo confío plenamente en ella. Sé que ella les va a mostrar a todxs que puede, que tiene que estar ahí porque va a aprovechar todos y cada uno de los espacios para aprender y avanzar".

Y no estaba equivocada. Conozco a mi hija. Muchísimo. Este 2022 fue el primer año de su vida que nos separamos. Que ella va a su escuela y yo a la mía durante todo el día. Hasta que empezó este ciclo lectivo compartimos muchas horas del día. Compartimos el día a día, las terapias, el ir al jardín y volver, las siestas, el baño, matronatación (pre-pandemia). Yo sabía... Hubiera estado bueno que nos dieran ese lugar de la palabra desde el inicio. Pero bueno. Ya está. Llegó. Y eso es lo que importa.

Llegó el diálogo, Llegó la escucha. Y en esto siento que sus seños fueron el agente de cambio. Estoy segura. Porque en la última reunión cuando las escuchaba hablar de Sofi, estaban hablando de mi hija. Estaban hablando desde la emoción que a ellas mismas les generaban sus avances, desde el amor que habían logrado construir en lo vincular. Sabían de quién estaban hablando. Sabían todo lo que Sofi puede. Sabían todo lo que Sofi negocia. Sabían de los límites que pide y busca romper todo el tiempo. Nos pusimos a debatir sobre Sofi como hacemos con sus familiares, con la gente que la conoce. Impagable.

Y acá se toca mi rol de madre con mi rol profesional que me hace sostener, una vez más, que las maestras son la piedra fundamental de toda la educación, de todo cambio educativo, de toda inclusión. Y a ellas les quiero decir gracias. Sin ellas nada de esto que cuento que había empezado mal hubiera terminado tan bien. Porque en definitiva lo que cuenta es la mirada que ellas construyen sobre lxs niñxs. No hay otra. Si tu maestra te quiere, te estimula, te reconoce en tus potencialidades y busca incentivarlas no hay manera de que no avances, de que no aprendas. Porque los niñxs se mueven por el afecto, hacen todo por ganarse el cariño de sus seños.

Estimo que haber abierto los brazos para recibir el afecto de una criatura como Sofi, que regala besos y abrazos a cambio de nada, les ha hecho ver a las seños que podían, porque desde ese lugar todo es posible. Sé que a veces lxs docentes nos sentimos avasallados porque no sabemos mucho del tema (lo digo por experiencia propia). Creo que hay que reconocerse en esa falta, porque no tenemos por qué saberlo todo, y entregarse a los otrxs que sí saben, como es el caso de las APNDs. En mi humilde opinión, entiendo que el cambio que las seños lograron gestar en este caso está en haber reconocido a Sofi como su alumna y en haber entendido que los saberes pedagógicos son suyos. Lo que las APNDs aportaron tiene que ver con los modos en que Sofi aprende, pero no con lo pedagógico.

Armar parejas pedagógicas es algo complejo, que a veces asusta, genera inseguridades. Hay que ser muy valiente para atreverse a recorrer este camino, en el que hay otrx adultx que te da indicaciones, que mira tu práctica, que ejerce una suerte de "vigilancia", en el buen sentido.

Gracias, seños, por ser tan valientes. Gracias por atreverse. Gracias por entender de qué venía la cosa.

Estas son las palabras que puedo regalarles. Seguramente no hagan justicia a todo lo que nos han regalado este año ustedes a nosotrxs. Gracias, por supuesto también, a Magalí y a Paula, sus APNDs (ya les dedicaré una entrada aparte) porque ustedes colaboraron indudablemente en la creación del vínculo de Sofi con las seños y con todxs lxs profes del club. Sabemos del valor inconmensurable de su trabajo diario. Las queremos!

En la foto, Sofi y Sofo... Nos faltó foto con Marie para este texto. Pero obvio que la tenemos presente en todo lo que decimos.

Para ellas dos, para las seños de la sala, para nuestras valientes, nuestro agradeciemiento infinito.

Hasta siempre! Las queremos con el corazón.


 
 
 

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