Mamá escucha. Mamá escuchá. Mamá que escucha. En todas sus formas, este nuevo rol que ASDRA me regala, implica una apertura hacia un otro; implica una actitud física, corporal, de acogimiento; implica la predisposición a "poner la oreja" para lo que se necesite decir, incluso para los silencios; implica una enorme empatía, un sabio corrimiento de la propia biografía que es, a la vez, la que nos pone en ese rol. Escuchar implica correrse del centro para dar lugar a las otras historias, a las nuevas, a las que están por escribirse, por salir a la luz. Porque ya no se trata de nosotrxs, sino de ellxs: las madres, los padres, las familias que acaban de recibir la noticia de que su hijx (recién nacido o por nacer) tiene Síndrome de Down.
Nosotrxs, lxs que llevamos más tiempo en este camino de amar a nuestrxs hijxs con SD, prestamos la oreja para acompañarlxs en la elaboración de un duelo: el del/la hijx que no tuvieron, que no tuvimos. Nosotrxs mismxs también, en ese momento, creímos que todo estaba terminado, que no había chances de llevar una vida "normal", una vida "feliz", que todo se ponía negro...
Y, en parte, esa oscuridad fue necesaria para dar lugar a una nueva luz: la del camino impensado, inimaginado, que empezamos a transitar de la manito de estxs seres maravillxs que son nuestrxs hijxs.
Lxs que sabemos (sólo por el hecho de haberlo pasado) que la transformación es posible, nos salimos de la vaina por transmitirles a esas nuevas familias que van a ser súper felices, que no van a conocer nunca en sus vidas un ser más plenx, más tiernx, más empáticx, más simpáticx, más amable que esx hijx con SD. Pero no lo hacemos, nos guardamos esa alegría para más adelante, la atesoramos para el momento en que ellxs también puedan comprenderla, para el momento en que ya no haya marcha atrás porque han logrado establecer un vínculo que nada puede romper. Para el momento en que reinen las risas y la alegría.
Parece trillado, un lugar común. Pero es un camino que hay que recorrer. Hay que dar todos y cada uno de los pasos. No es posible saltearnos nada. Detrás de cada avance, de cada logro, de cada sonrisa, hay mucho trabajo y mucho amor. Mucha confianza en lxs peques. Si no creyéramos en ellxs, nada sería posible. Y como todo avance es en equipo, y todo logro tiene una y mil historias, cuando llega, la alegría no tiene fin. Y así nos vamos enamorando sin límites de ellxs.
A medida que van creciendo y van pudiendo, va llegando la calma, van desapareciendo los fantasmas, va tomando cuerpo real nuestrx bebé, nuestrx niñx. Y es desde esa calma que da el camino ya recorrido, que nos da el saber que la vida es y puede ser maravillosa al lado de un(x) hijx con SD, como de cualquier otro hijx, que podemos contener la angustia, la tristeza, los miedos de lxs recién llegadxs. Porque sabemos. Porque pudimos. Porque podemos.
Porque ya no se trata de nosotrxs, ni tampoco de ellxs. Se trata de todxs.
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