top of page

Hija mía

  • 3 mar 2023
  • 4 Min. de lectura


Río Azul

vestidito rojo

destellan los rostros

miel serena

lazo celeste y verdeagua

sangre femenina

que se vierte en la Pacha

única ofrenda de

lo sagrado

que transmuta y brilla.

A.M.



Hoy, por casualidad, me topé con esta foto y con el poema que nos dedicó Alba; un poema que nos escribió inspirada en esta imagen, una imagen que me llevó a otra vida, esa que tuvimos cuando éramos vos y yo, cuando no había hermana ni se hablaba del Síndrome de Down en esta familia. Hacía mucho que no sentía esa sensación, la de verme, la de vernos, antes de que nuestras vidas cambiaran para siempre. Habrían cambiado, de todos modos, si Sofi hubiera llegado sin su síndrome. Ahora lo sé muy bien. Pero cuando ella llegó, yo buscaba y buscaba fotos para encontrarme a mí misma en un antes que pensaba como "más feliz", buscaba mi mirada, mi sonrisa, mis pensamientos, mi falta de preocupaciones reales. Y hoy, cuando nos vi, tuve una reminiscencia de mi búsqueda de entonces.


Pero ahora que aprendí a ser feliz (o a intentarlo) con lo que hay, con lo que toca, ya no busco encontrar en nuestras fotos eso que en un momento creí perdido. Ahora te miro, nos miro, y recuerdo que cuando llegaste a mi vida me sentí tan poderosa, tan plena, que con vos y por vos me animaba a todo. Fuimos a todas partes juntas, a ver el mar, las montañas, los desiertos, los volcanes, los lagos, museos, ciudades. Cruzamos ríos, océanos, cordilleras, provincias, países, continentes. Salimos a andar, a construir el camino, a encontrar paisajes, historias, sonidos. Salimos a vivir, sin manuales, sin instrucciones.


Salimos al mundo, hija. Yo con vos. Gracias a vos.


Gestar y parir, en mí, que siempre me creí poca cosa, fueron dos fuerzas naturales y poderosas que me transformaron. "Sangre femenina. Única ofrenda de lo sagrado que trasmuta y brilla". Salí al mundo, hija. Me sentí fuerte, importante, indispensable. Sentí que tenía una misión, que no podía fallarte, que tenía que ser la mejor versión de mí, con los altibajos inevitables, pero que no podía rendirme ante nimiedades, porque ahora estabas vos, que me mirabas con esos ojos tan hermosos que tenés; la mezcla de colores de los de tu viejo y los míos. Y sabía que, aunque al principio me miraras embelezada, con ese amor incondicional que transmiten los bebés, llegaría la mirada atenta, la que busca aprender del otro, ya sea imitando o distanciándose del modelo. La mirada crítica, la que busca separarse de lo que alguna vez estuvo unido por la misma sangre, por los mismos tejidos, por un mismo cuerpo.


Esa valentía, esa fuerza, esa potencia que me trajiste siempre fue (y es) inversamente proporcional al miedo de perderte. De perderte en cualquier sentido de esa palabra odiosa: físicamente, emocionalmente, temporalmente. Desde que llegaste convivo con ese fantasma. "Que mamá siempre te pueda ver".

"Nunca te escondas en un lugar público".

"Tenés que cuidarte".

"Prestá atención a lo que hacés".

Veo mis manos que te sostienen en esta foto, con la seguridad de que pueden agarrarte casi todo el cuerpito, pero también con el miedo de no estar agarrándote lo suficiente.


Esos tiempos de manitos, piecitos, besitos en el cuello, upa y pañales quedaron lejos. Y si bien hay cosas que no extraño para nada de esas épocas, siento una profunda nostalgia. Tal vez porque, pasito a pasito, vas dejando la niñez y yo con vos. Justo ahora, que tan cómodas estábamos en nuestros roles, empezás a cambiar, en ese devenir inevitable que es crecer. Ya no puedo sostenerte como lo estoy haciendo en esta foto, no sólo porque no me alcanzan las manos para agarrarte, sino porque tengo que empezar a soltarte para que puedas seguir tu propio camino.


En medio de estas sensaciones sobre las que reflexiono, te miro y veo la niña que sos, y no puedo dejar de sentir un orgullo que me sale de las entrañas y me toma el cuerpo entero. Te veo curiosa, empática, inteligente, alegre, entusiasta, cariñosa, amable. Y mientras te miro no puedo dejar de pensar que algo estamos haciendo bien, que no te estoy fallando.

¿Será que con papá supimos cuidar ese tesoro invaluable que es la niñez, tu niñez? Porque no creo que haya otro modo de pensar esta etapa de la vida: como algo muy valioso, único y efímero, que requiere cuidados, atención, protección, pero que también demanda alimento para poder crecer y hacerse más y más valioso. Un tesoro que también es muy frágil, que los adultos podemos destruir con nuestra desidia, nuestra ignorancia, nuestra soberbia, nuestra prepotencia, nuestros abusos.


Salir a caminar con vos, de tu manito, fue el regalo más hermoso que me dio la vida. Vos hiciste que yo cambiara mi modo de mirar; o, más bien, que cambiara el foco en relación a qué mirar. Porque cada que vez que tuve y tengo que elegir qué camino tomar con vos, me mueve el deseo de mostrarte un mundo plagado de cosas para maravillarse, para reir, para aprender, para descubrir, para disfrutar, para ser feliz. Porque tu mundo, el de la niñez, tiene que ser un mundo maravilloso en el sentido literario de la palabra, lleno de magia, un mundo de colores y seres increíbles, un mundo que no tenga imposibles.


Desde que empecé a pensar en convertirme en madre, siempre imaginé que sería madre de una niña. Y cuando me enteré que eras vos, Amanda, la que venía llegando, no me cabía en el cuerpo tanta alegría. En ese momento no lo entendía, pero con el tiempo descubrí que te necesitaba para poder sanar a mi propia niña, la niña que fui. Ese lazo femenino me permite verme en vos, en cada situación que enfrentás, en tus miedos y en tus seguridades; en tus preguntas, en tu autonomía, en tu alma andariega. Por eso sos, para mí, la oportunidad de redimir a la niña que fui, porque vos me das la chance de sanarla siendo tu madre. Y ese lazo es tan íntimo que cuesta ponerlo en palabras.


Claro que no puedo decirte todas estas cosas, no sólo porque tenés nueve años, sino porque sería una carga muy dificil de sobrellevar. Algún día lo sabrás, o lo leerás. Por ahora, registro para no olvidar y me deleito viéndote crecer, tan linda, tan atenta, tan curiosa, tan segura, que bien puedo preocuparme por otras cosas.



 
 
 

Comentarios


LET'S TAKE IT TO THE NEXT LEVEL!

#TAGS

© 2023 by Annabelle. Proudly created with Wix.com

bottom of page