Con la familia de mi marido compartimos un amor muy profundo por un auto. Sí, por un auto que está por cumplir 25 años entre nosotros. Fue el auto con el que aprendió a manejar Fede a sus 17 años, y con el que aprendí yo a los 36. El que acompañó a mis suegros en el proyecto de la costa y el que nos llevó de vacaciones por primera vez como familia, cuando Ami sólo tenía 2 meses de vida. También le enseñamos a Flor (nuestra cachorra) a que subir al auto está bueno, porque siempre la lleva a un lugar de mayor libertad para ella. Benito ya lo sabe.
Es el que siempre nos salva y nunca nos deja a pata. Fue a la costa cientos de veces, a Mendoza, a Córdoba. Hoy me permite trabajar y hacer un horario más reducido por el tiempo que me ahorro en los traslados (lxs que tienen pluriempleo me comprenden muy bien).
Lo queremos tanto que estamos pensando en festejarle los 25 años. De verdad. Fede lo conoce más que a mí. Siempre logra entender qué le pasa cuando hay un desperfecto (cosa que no pasa siempre conmigo).
Se trata de un auto que nos remite a todxs nosotxos a momentos, anécdotas, vacaciones, viajes, aprendizajes.
Y hablando de aprender cosas, ayer fuimos a la fono con Sofi. La llevé y la esperé en nuestro auto rojo. Y cuando salió le dije: "Vamos a buscar el auto rojo". Inmediatamente me contesta: "uuuto". Y yo: "Sí, amor: auto rojo". Y de pronto, ocurrió algo que no me esperaba ni estaba buscando conscientemente: "uuuto rrrrojjjo". Se me piantó un lagrimón.
Pasamos el resto de la tarde jugando a repetir "auto rojo" y terminamos así: Sofi llamando mi atención "Mmmmaaaa". Y yo, "¿qué mi amor?". Ella: "uuttto rrrojjjo" e inmediatamente después, sonríe y me abre los brazos para que la bese y la felicite por vigésimo cuarta vez.
Y yo no me canso. Siento una alegría enorme cada vez que lo dice y le agradezco a nuestro auto rojo, una vez más, por todas las cosas lindas que nos regaló y regala.
Comentarios