Hoy Sofi cierra una etapa preciosa de su vida, que es a su vez un cierre familiar: dejamos nuestro jardincito para siempre... Dejamos ese espacio pequeño, esa casa con sus hermosos patios, el arenero, la terraza con sus trepadoras, esas maestras tan amorosas, tan comprometidas, tan contenedoras para peques y adultxs, esas reuniones multitudinarias en el patio, los cierres anuales en teatros, la sensación de hogar.
Nos vamos del jardincito después de haber estado allí casi toda la vida de Amanda, la mayor...
Sin embargo, para ser justxs, nuestro jardincito nos viene dejando de a poquito, de a pasitos, por lo que a esta altura no sé bien qué es lo que nos duele más: si el irnos o el hecho de que nuestro jardincito ya no exista. Porque esa es la verdad: a lo largo del 2021, de a poquito, nuestro jardincito fue desapareciendo... al menos en parte; al menos para nosotrxs, para nuestra familia.
Y es que nuestro jardincito, que era un espacio contenedor, que tenía siempre sus puertas abiertas para las familias, que estaba siempre abierto al diálogo, a las charlas porque sí, a contarnos de la vida, de las rutinas, de las noches que pasábamos con nuestrxs hijxs bebés, a pasarnos las novedades laborales, de la vida, las sorpresas, los duelos, un día cerró sus puertas a las familias: ya no hubo ruido, no hubo murmullos ni filas de madres/padres para saludar a la directora –a nuestra directora, que siempre estaba en la puerta para recibir a lxs peques y regalarnos un beso y un abrazo apretujado– o preguntarle algo a la coordinadora o a la maestra de la sala. Ese tumulto desapareció de pronto y, detrás del pretexto de la pandemia, se transformó en correos electrónicos que llegaban con la leyenda NO RESPONDER en el asunto...
Siempre que puedo cuento que, cuando nació Sofía y nos enteramos de su condición, el primer lugar al que fuimos a hablar, nuestra primera reunión, fue con nuestro jardincito: estábamos en shock, perdidos con la noticia, tratando de procesar todo lo que se venía y muy preocupados por Amanda, que en ese entonces estaba en salita de 3. Sinceramente, no sabíamos cómo manejar frente a ella la tristeza que nos invadía; frente a ella, que acababa de convertirse en hermana mayor, y nosotrxs, que no podíamos parar de llorar. Llevo esa escena en el cuerpo, en esa memoria que no sólo pasa por la cabeza, sino que ocupa mucho más de nosotrxs, porque responde a momentos de muchas emociones, muy viscerales. Yo no podía ni pronunciar "Síndrome de Down" porque me largaba a llorar antes de terminar. Así fui al jardincito, con Sofi en brazos y Fede, y nos sentamos enfrente de nuestra directora y nuestra coordinadora que se quedaron con nosotrxs todo el tiempo que necesitamos. Conteniendo, dando apoyo, ofreciendo algunas de las respuestas que buscábamos. Nos fuimos con esa sensación que te deja el café con leche con medialunas en una tarde de mucho frío... Reconfortadxs.
También cuento cada vez que puedo por qué Sofi está en una salita que no le corresponde por la edad escolar: y es que cuando la fuimos a inscribir, nuestra directora, con todo el criterio del mundo, nos sugirió poner a Sofi en la salita de deambuladores (1 año) en lugar de anotarla en sala de 2, porque consideraba que iba a estar mucho mejor ahí e iba a poder aprovechar mejor las propuestas. Sofi tuvo un primer año de maternal excelente, gracias a su consejo, un año hermoso que yo siempre agradecí. Y que pudimos decidir.
Pandemia de por medio, la racha se cortó: el jardincito se vendió, nuestra directora se fue y, si bien quedaron muchas de las antiguas integrantes, con el tiempo algunas se fueron y las cosas cambiaron radicalmente. Fue así como pasamos a una gestión que no quiso trabajar interdisciplinariamente con el equipo de terapeutas ni con el centro de integraciones, que no nos dio lugar para hablar de Sofi, de sus avances, de sus dificultades, de sus necesidades. Una gestión que se "ofende" o "alarma" porque la información sobre lo que pasa al interior del jardín con nuestra hija atraviesa los muros del edificio con los informes semanales de la maestra de apoyo...
En el transcurso del año me topé en un grupo de trabajo, muy de casualidad, con personas con discapacidad militantes del lema NADA ACERCA DE NOSOTROS SIN NOSOTROS y empiezo, de alguna forma, a entender qué fue lo que perdí con la venta de nuestro jardincito: la posibilidad de ser parte, de participar, de estar, de que se tenga en cuenta nuestra opinión, nuestras necesidades, nuestras vivencias y experiencias en relación a nuestra hija.
En el fondo, estamos hablando de dos formas contrapuestas de entender la inclusión (aunque hay otras formas, u otros problemas en torno a ella): la que peca de "igualitaria" porque no hace diferencias con lxs niñxs comunes, que trata a todxs por igual y que considera que una maestra de apoyo es una "marca" para nuestrxs hijxs, una señal permanente que está diciendo todos los días que esx niñx es diferente, alguien que "coarta" su libertad de expresión, de movimiento, de interacción. Pero existe otra mirada, la que atiende a las particularidades, a las diferencias, a la diversidad y que, para poder prestar la justa atención a esas particularidades, convoca a las personas que más saben del niñx: su familia.
Nos vamos del jardicito con este aprendizaje: al perder a nuestras directora y coordinadora, perdimos la posibilidad de ser parte de la educación de Sofi en este 2021, porque la idea de recibir a todxs como si todxs fueran iguales es discapacitante y exclusiva. Sofi pudo hacer sala de 3 con todos los contenidos correspondientes porque tuvo a su lado una persona maravillosa que hace muy bien su trabajo y que fue adaptando los temas a las posibilidades de aprender que tiene Sofi. Y la seño de la sala acompañó este trabajo maravillosamente. Sin ellas, hubiera quedado afuera, excluida. La actual gestión nunca nos preguntó nada, no quiso hacer reuniones de equipo y no nos facilitó ninguna información. Nunca nos incluyó, porque consideran que incluir es "tratar a todxs por igual", como si todxs partieran del mismo punto para llegar a la meta. La actual gestión tuvo que sostener a la maestra de apoyo adentro del aula porque su ingreso se había tramitado antes de la venta del jardín... esa es la triste verdad. El lema NADA ACERCA DE NOSOTROS SIN NOSOTROS pone de manifiesto, justamente, que nadie debería decidir por la persona con discapacidad sin el consentimiento de esa persona y de su familia. Y nosotrxs, la familia de Sofi, consideramos que la maestra de apoyo fue fundamental para que Sofi pudiera aprovechar sala de 3 al máximo de sus posibilidades. Claramente, con las negativas recurrentes a colaborar nos hicieron saber que no había lugar para lo que pensáramos. NO RESPONDER...
Hoy Sofi deja nuestro jardincito para siempre... Deja ese espacio pequeño, esa casa con sus hermosos patios, el arenero, la terraza con sus trepadoras, esas maestras tan amorosas, tan comprometidas, tan contenedoras para peques y adultxs... Nosotrxs nos quedamos con esa sensación de hogar, de familia, de refugio que nuestro jardincito nos supo dar... Nos quedamos con eso. Y los recuerdos que recupero pretenden hacerle justicia a esos años maravillosos que vivimos entre sus muros, bajo el cielo que cubre su terraza y su patio.
Como familia nos espera un camino en el que deberemos librar batallas que todavía ni imaginamos, porque falta mucho andar para que la inclusión sea real. Allí estaremos, porque nuestro jardicinto nos ayudó a ser fuertes y nos enseñó mucho, de nosotrxs, de nuestras hijas, de las infancias... y eso queremos agradecer hoy.
Comentarios