Adéu a tothom
- 24 ago 2018
- 2 Min. de lectura

Desde el umbral, a punto de cruzar hacia una nueva oportunidad que nos da la vida, veo los años vividos, mis años, como en una película. Veo los hitos, las vivencias que me convirtieron en la mujer que soy. Imperfecta, testaruda como pocas, torpe a veces, olvidadiza, un poco necia, perseverante, impaciente, fuerte... (a veces más fuerte de lo que desearía).
Esa fortaleza que conseguí a fuerza de golpes es la que me puso hoy de pie en este umbral. Porque cuando uno imagina las cosas negativas que le pueden tocar en la vida, nunca entra como posibilidad real tener un hijo con una discapacidad. Esos son miedos que se hacen realidad en otros cuerpos. Pero no. Le puede pasar a cualquiera, sin distinción de barrio, cultura o nivel socio-económico. Pasa. Y punto. Me tocó a mí. Le tocó a mi familia. Y perdí el miedo.
Ese miedo muchas veces paraliza. Algunos se entregan a la tristeza, otros niegan lo evidente, o se enojan con el universo y maldicen hasta el hartazgo. El otro camino es el de aceptar, tratar de hacer las cosas bien, amigarse con la naturaleza humana y la diversidad.
No voy a decir que cuando nos enteramos de que Sofi tiene Síndrome de Down no nos paralizamos. Claro que lo hicimos, claro que pusimos en duda todo lo que habíamos creído importante y deseable para nuestras vidas hasta ese momento. Pero en el fondo, incluso en los momentos de mayor angustia, incertidumbre y tristeza, nunca quise soltar el plan, nunca quise renunciar a lo que habíamos soñado hasta entonces.
Es muy cierto que uno no sale indemne y que no se puede seguir caminando tan establemente como si no tuviéramos ningún magullón. Se nos notan los golpes, los raspones, las lesiones al andar. Pero allá vamos, igual. Orgullosa de nosotros, por haber construido la posibilidad de vivir y trabajar en otro país. Orgullosa de nosotros, por no haber claudicado frente a la infinita tristeza y a las innumerables dificultades que tuvimos que atravesar.
Orgullosas mis hijas, el día de mañana, porque sus padres intentaron de todas las formas razonables y posibles hacer lo que les hacía bien para hacerles bien a ellas también.
A todos los que siempre me acompañaron y a todos los que intentaron detenerme: gracias. Gracias a todos y a cada uno estoy a punto de cruzar el umbral. Me voy cantando de alegría porque estoy haciendo lo que me hace feliz, lo que me hace ser quien soy, junto a los amores más grandes que me ha dado la vida. Fins després!!!
Si jamais j'oublie, les nuits que j'ai passées Les guitares et les cris Rappelle-moi qui je suis, pourquoi, je suis en vie Si jamais j'oublie les jambes à mon cou, Si un jour je fuis, Rappelle- moi qui je suis, ce que je m'étais promis
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