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Un te quiero, una caricia, un amor

  • 8 oct 2017
  • 2 Min. de lectura

En mi tortuosa espera para ver a Sofía en la sala de neo pienso en lo bien que me haría estar con Amanda. Volver a jugar, como si nada hubiera cambiado en mí. Ella es pura alegría, tiene el poder de sanar. Pienso en el privilegio de poder entrar por un rato, tomada de su manito, en su mundo de fantasía, en el que nada es imposible.


Amanda viene a verme a la clínica. Cada vez que entra, lo hace en puntitas de pie y levantando la vista para alcanzar la altura de la cunita de Sofi. Mira la cuna, mira mi regazo. Si estoy sola, corre hasta mis brazos para que la alce, antes de que sea demasiado tarde y Sofi ocupe ese lugar. Sin embargo, mis energías se agotan antes de que podamos jugar. Las gasto en mostrarle que estoy bien, en no llorar adelante de ella, en pensar en las ganas que tengo de pedirle perdón porque las cosas no salieron como lo esperábamos...


Volvemos a casa. Las ganas de jugar no se me van, pero no logro hacerlo. Entramos a su habitación y yo empiezo a querer huir de mi hija. Se me van cayendo las lágrimas entre las fingidas voces de cachorros, hormiguitas y cocodrilos. Me atormentan mis pensamientos y la culpa que siento. ¿Podremos jugar así con Sofi? ¿Qué sentirá Amanda por su hermanita? ¿Cómo nos verá a partir de ahora?


Tanta duda hace que me aleje. Empiezo a evadirla y ella lo sabe. Deja de buscarme. Su mundo, ahora, es su padre y sus abuelos. No me busca. No me pide. No me exige. Eso sí: que no se me ocurra poner a Sofía en brazos de otra persona. "Sofi es de mamá", dice seriamente. Siento que le estoy haciendo mal.


Hasta que un día junto coraje. No sé, creo que ese día la vi más receptiva y pensé que era un buen momento para decir lo que nunca había sido dicho; para ponerle palabras a esa distancia que yo había creado y ella había hecho carne. Ese día fuimos a su pieza a jugar.


-Amanda, mamá quiere decirte algo muy importante. ¿Podés mirarme a los ojos? Estos días mami no tuvo muchas ganas de jugar porque está muy triste.

-¿Estás triste?

-Sí, mi amor.

-¿Y por qué?

-Bueno, viste que Sofi estuvo mucho en el médico... nos dijeron que Sofi es un poco diferente. No va a ser una nena como vos o tus amigos. Va a ser distinta. Porque las cosas le van a costar más. La vamos a tener que ayudar. Va a aprender todo lo que vos sabés, pero va a necesitar de nuestra ayuda. Vamos a tener que enseñarle muchas cosas. Eso es lo que me tiene tan triste.


Se para, me abraza, me besa y escucho: "Te quiero mucho, ma. ¿Ya estás mejor?".


En su mundo, nada es imposible.

 
 
 

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