Te quiero cerca de mí
- 8 sept 2017
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Más allá del puerperio y de la revolución hormonal, que hacen que el mundo se perciba en un permanente estado emotivo de "al borde de la lágrima", con el nacimiento de Sofía nos llegaron muchas y muy lindas sorpresas de parte de la gente que nos quiere, que objetivamente (sin hormonazo) conmueven.
Una de ellas vino de la mano de mi hermano Esteban. Sin vueltas, apenas se enteró de que nuestra hija había nacido con Síndrome de Down, me escribió: "Ana, va a estar todo bien. Quiero ser el padrino de Sofi". El pedido de mi hermano expresado como un deseo significó mucho para mí. Puso en acto las palabras "va a estar todo bien", que dejaron de ser una expresión referida a un futuro remoto para convertirse en una acción: la de aceptar a Sofi por sobre todas las cosas. Porque a través de este pedido mi hermano afirmaba que Sofi iba a ser querida y tratada con todo el afecto que un niño merece, cualquiera sea su condición. Y esa certeza fue muy reconfortante en ese momento de tanto dolor.
Pero hubo otra ola de actos signados por la incondicionalidad provenientes de una persona relativamente nueva en nuestras vidas. Ella fue la primera en felicitarnos con plena alegría por la llegada de esta beba. Sabía que estábamos tristes, que la noticia sobre la condición de Sofi nos había puesto en pausa. Pero eso no la detuvo. Nos mimó como si nos conociera de toda la vida. Nos invitó a comer y nos trajo toneladas de comida a casa en esos días en que el tiempo no alcanza para descansar y todo transcurre en un permanente estado de caos (mucho más con una beba como Sofi, que requirió mucha más atención médica y muchos más trámites que un bebé sin discapacidad). Nos mandó mensajes a diario para preguntar cómo estábamos, cómo nos sentíamos, cómo la llevábamos. Nos ayudó a pintar la casa, antes y después. Nos brindó asesoramiento y nos llenó de notas, videos y artículos positivos que mostraban lo que los niños como Sofi sí pueden hacer. También tejió ropa y juguetes para nuestras hijas y, cada vez que trae algún regalito para ellas (cada vez que las ve, para ser precisos) está más contenta y ansiosa que las nenas. Tal vez porque su niña interior está más afuera que en otras personas. Tal vez sólo porque es de buena madera. Sin duda demuestra el amor más sincero y espontáneo que conocí hasta ahora de parte de un adulto hacia un niño que no es de su sangre. Pero es como si lo fuera. Por eso se me ocurrió que podríamos formalizar y hacerla de la familia. ¿Querés ser la madrina de Sofi, Nadia querida?
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